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Como evitar las formas de morir más estúpidas de las pelis

Burlar a la muerte está mal. Si se logra, esta te perseguirá hasta poner las cosas en orden y a ti en el cementerio. Esa es la premisa de ‘Destino final 5’, que se estrena esta semana. La última de una saga que ha hecho de las muertes estúpidas en el cine su seña de identidad. ‘Destino final’ se lleva la palma, pero hay alguna más que merece ser recordada.

En los noventa, Wes Craven y Kevin Williamson pusieron de moda eso de hacer películas de terror para adolescentes. El planteamiento era sencillo, un asesino en serie (o varios) que se encargaba de matar a chavales y no tan chavales propiciándoles algunas de las muertes más absurdas que se han visto en la sala de un cine. De su unión nació Scream (1996), que ya va por la cuarta entrega. Después, de la pluma de Williamson nació otra del estilo y aún más absurda si cabe, Sé lo que hicisteis el último verano (1997). La última en subirse al carro del terror adolescentes fue Destino Final.

Era el año 2000 y con un de moda Devon Sawa cambió a la chica gritona protagonista (Neve Campbell o Jennifer Love Hewitt) por un muchacho que soñaba con un accidente de avión, hacía que lo echasen del aparato junto con varios compañeros de clase y así salvaban la vida. Claro, que es lo que ellos creían. En realidad, la muerte no estaba dispuesta a dejarles escapar. Ese era el planteamiento de la primera de Destino Final, dirigida por James Wong. Esta premisa se ha mantenido durante cinco entregas. La última llega hoy a los cines con más muertes estúpidas por la forma en la que se producen y por el cúmulo de circunstancias que las propician. Los seguidores de la saga pueden darse por satisfechos.

Pero lo de las muertes tontas en el cine no es algo exclusivo de las películas de terror para adolescentes. Cocinas, baños y hasta los lugares más insospechados pueden convertirse en una auténtica ratonera. Para comprobarlo, aquí van algunos de los ejemplos de los accidentes mortales más tontos y cómo evitarlos.

Mirar antes de cruzar (Destino final, 2000)

Es una regla básica de la seguridad vial. Si se va a cruzar la calle, hay que mirar bien antes de hacerlo y, sobre todo, no pararse en medio del asfalto. Puede que pase un autobús con mucha prisa y se lleve al imprudente transeúnte por delante. Lo saben hasta los niños de preescolar.

No introducir metales en el microondas (Destino final 2, 2003)

El metal y las ondas del micro no se llevan bien. Así que si se va a recalentar la comida del chino de la noche anterior, lo mejor es asegurarse antes de que no ha caído dentro un imán de la nevera. Estas cosas pasan y ya se sabe como acaban. Con una escalera de incendios clavada en la cabeza.

No tapar los cuchillos con un trapo de cocina (Destino final, 2000)

Puede parecer una tontería, pero un gesto tan sencillo como colocar un paño de cocina sobre el chisme donde se guardan los cuchillos puede ser causa de muerte. Sobre todo si un ordenador explota en la cara saltando un trozo de cristal al cuello que secciona la yugular. Entonces, al llegar a la cocina e intentar coger el trapo en cuestión desde el suelo en el que se ha resbalado, es posible que un cuchillo se suelte y se clave en el pecho.



No abusar de los refrescos (La rebelión de las máquinas, 1986)

Además de ser malos para mantener la línea y controlar los gases, también pueden ser mortales. El protagonista de esta escena sufre un auténtico ataque de latas de refresco y no sale bien parado.

No girarse con el arma cargada (Pulp Fiction, 1994)

Si se va en un coche, lo mejor es guardar la pistola en la guantera si no se tiene intención de usarla. O, al menos, ponerle el seguro. De lo contrario puede pasar que en el fragor de la conversación, uno se gire para pedir su opinión al pasajero de atrás, que el coche pille un bache y el arma se dispare.

No intentar salir por la puerta para mascotas (Scream, 1996)

Esto es algo muy americano. Lo de tener una abertura en las puertas exteriores de las casas para que las mascotas entren y salgan libremente. Pero, claro, están pensadas para mascotas, no para humanos. Si uno intenta salir, puede quedarse atascado y ponérselo aún más fácil al asesino de turno.

Nunca se da la espalda a una puerta abierta (Scream 2, 1997)

Cuando un asesino está acosando a su víctima telefónicamente dándole señas evidentes de que está muy cerca, puede que asomarse al jardín y dar la espalda a la puerta abierta no sea muy inteligente. De nada sirve que se cierre luego cuidadosamente con llave si el asesino ya se ha colado dentro.

No enfadar al asesino (Scream 4, 2011)

Este es un clásico de las películas de terror para adolescentes. Hacerse el gracioso con el asesino para hacerle enfadar aún más. Así no se consigue la salvación, desde luego.

En caso de accidente, llamar a urgencias (Sé lo que hicisteis el último verano, 1997)

Cuando se atropella a alguien lo que hay que hacer es pararse y dar aviso del accidente. Tirarlo al mar no es una buena idea. Quizá la víctima no está tan muerta como se piensa y decide volver armada con un garfio y escondida bajo un chubasquero para tomarse la justicia por su mano.



Las tres reglas de oro (Scream, 1996)

Y por si todos estos ejemplos de muertes absurdas en el cine no fuesen suficientes, en la propia Scream dan tres reglas de oro para sobrevivir a una película de terror. Nada de sexo. Nada de beber ni de drogarse. Y, muy importante, no decir nunca “volveré”.

Via | La Información