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Putas, criadas, camellas y asesinas: así ve Hollywood a las mujeres latinas

¿Otra asesina latinoamericana de sangre caliente? Pues sí: en ‘Colombiana’, Zoë Saldana encarna a uno más de los estereotipos que el cine de EE UU asigna a las mujeres del sur. Analizamos estos tópicos, esperando que desaparezcan pronto.

De la película que Luc Besson (guionista y productor) y el director Olivier Megaton (Transporter 3) estrenan este fin de semana, lo que más sobresale es su título. Colombiana, se llama, como si en sus imágenes quisiera abarcar la forma de vida de todo un país, y de su población femenina. Lástima que, una vez en proyección, el filme demuestre ser más bien todo lo contrario: protagonizada por una Zoë Saldana tan elástica como de costumbre, Colombiana viene a ser un cuento de los de “asesina sexy versus imperio del mal”, cuyo relato se inicia en una Bogotá de tebeo y prosigue por escenarios prestados a (entre otros) Brian DePalma y su El precio del poder. Sólo que reemplazando a Al Pacino por un Jordi Mollá muy fuera de lugar.

Por lo pronto, el filme ya se ha ganado protestas en el país latinoamericano, así como en EE UU. Grupos activistas residentes en la potencia del Norte, como PorColombia y AfroColombia, repartieron panfletos durante el estreno, y expresaron sus quejas ante una cinta que, afirman, “perpetúa el estereotipo de la mujer colombiana como sicaria”.  Pero, ¿se trata sólo de la mujer colombiana? Nosotros decimos que no: pese a los años, y a la representación cada vez mayor de las minorías en su cine, Hollywood sigue pensando en las latinoamericanas sólo como prostitutas, criadas, narcotraficantes o sex bombs de gatillo fácil.


Claro que podría ser peor. Podíamos vivir aún en la época en la que Margarita Cansino tenía que cambiar su nombre por el de Rita Hayworth para triunfar en la ‘Meca del Cine’ , cuando María Félix tenía prácticamente cerradas las puertas de los estudios por ser mexicana, o cuando Dolores del Río y Lupe Vélez (la cual, aceptémoslo, tampoco tenía un talento épico) se veían confinadas a papeles de icono erótico con acento raro. Pero, pese a las décadas, la cosa tampoco ha cambiado mucho. Porque, con la excusa de un paradójico girl power, el nuevo estereotipo de las latinas en Hollywood se caracteriza por su agresividad, pistola en ristre… Condicionada a dejar al descubierto tantos centímetros de piel como sea posible. Algo que levanta ampollas en un colectivo que representa (datos de Wikipedia) el 16,3% de la población estadounidense.

El año pasado, sin ir más lejos, Machete nos cocinó una ración doble de tamales (con doble de picante) a base de estereotipar a la mujer latina: véanse en ella los casos de Jessica Alba y Michelle Rodriguez. La película podía excusarse, al menos, de su descarado carácter de exploitation y sus reivindicaciones políticas de cachondeo. Pero casos como el de la saga Fast & Furious resultan algo menos comprensibles: parece mentira que Vin Diesel iniciase su carrera en Hollywood con un cortometraje (Multi-Facial) en el que llamaba la atención sobre las dificultades que su herencia latina le planteaba en el día a día. Si atendemos al serial del cual es impulsor, las mujeres de su grupo étnico caben en dos sacos: las malotas chingonas (otra vez Michelle Rodriguez) y las chicas buenas como Jordana Brewster (panameña de origen en la vida real) ejerciendo de madres suplentes. ¿Cansino? Pues sí. Como Margarita cuando aún no era Rita.

Claro que, puestos a extender nuestro análisis, podemos hablar de otros arquetipos igual de incómodos. Como, por ejemplo, la Jennifer Lopez de Sucedió en Manhattan, cuyo personaje aúna las ideas de exclusión laboral (cierto, pero muy edulcorado) y sumisión a un patriarcado que condiciona su ascenso social a ganarse la condición de mujer-florero de Ralph Fiennes. O de esa Eva Longoria (Mujeres desesperadas) compensando la falta de armas de fuego con la abundancia de tarjetas de crédito, inundando Wisteria Lane con su ansia de poder y su furor uterino. Porque, como marca el diccionario de tópicos de los guionistas en EE UU, las latinas tienen un carácter de perros y es mejor no hacerlas enfadar: un lugar común que ya era viejo cuando Madonna grabó La Isla Bonita. Lo cual es decir mucho.

Si hablamos de estereotipos, es bueno indicar que no sólo las actrices de origen sudamericano se ven sujetas a ellos. En el imaginario de Hollywood, España queda a dos pasos del Cono Sur, de ahí que los fans de Penélope Cruz tiemblen de rabia cuando recuerdan el despropósito llamado Woman on Top (donde el acceso a la autoestima de una mujer brasileña queda asentado sobre dos cimientos: el sexo y la comida), por no hablar del despropósito conocido como Bandidas. Recordemos también que Salma Hayek (latina ilustre y compañera de reparto de Cruz en dicho filme) tuvo que impulsar el proyecto Frida para escapar del arquetipo de bomba sexual. Ahora bien: puestos a llorar, no tenemos más que acordarnos de la trayectoria en Hollywood de Paz Vega: toneladas de producciones directas a dvd, la última de las cuales (Cat Run) le asignaba el papel de una call girl de lujo. Latina, por supuestísimo.

¿Hay escapatoria? Es posible que sí, pero para ello tendrían que cambiar muchas cosas. No sólo dentro del cine, sino fuera de él. Es cierto que el 25% del colectivo latino en EE UU está por debajo del umbral de pobreza, pero también lo es que en su seno viven indivíduos que han superado los sucesivos umbrales de discriminación: por su etnia, por su idioma (algo falaz, no obstante, porque la mayoría de los hispanos estadounidenses tienen el inglés como lengua materna), por su nivel económico… O por ser mujeres. ¿Cuando veremos esta evolución reflejada en pantalla grande?

Noticia de Cinemania